Ruta de leyendas del Pirineo: Hotel Abadia del Salvador

EL MONTE OROEL

Nuestras rutas tienen como punto de partida el hotel rural La Abadia del Salvador, en Murillo de Gallego. Todos las ciudades y lugares de nuestras historias se encuentran en los alrededores y pueden visitarse. Hoy os contamos una leyenda muy enraizada en nuestra pasado.

La leyenda del dragón de la Peña Oroel (Jaca, Huesca)

Frente a la ciudad de Jaca, al otro lado del valle, se alza una montaña imponente y solitaria: la Peña Oroel. Su silueta domina el horizonte del Pirineo aragonés, y desde hace siglos está envuelta en leyendas.

Cuenta la tradición que en los tiempos antiguos, cuando los bosques eran más densos y las nieves más eternas, en lo alto de la Peña Oroel vivía un dragón terrible.
Su cuerpo era tan largo como un río, sus alas cubrían el sol y su aliento ardiente chamuscaba los pinares del valle.

Cada noche descendía hasta las cercanías de Jaca, devorando el ganado y sembrando el miedo entre los habitantes. Los pastores no se atrevían a acercarse a la montaña, y las familias rezaban para que el monstruo no bajara hasta la ciudad.

El caballero del monasterio

Desesperado, el rey pidió ayuda a los monjes del cercano monasterio de San Juan de la Peña, refugio de fe y saber escondido entre los riscos del Pirineo.
De allí partió un joven caballero —algunos lo llamaron San Jorge, otros Fortún Garcés— decidido a enfrentarse al dragón.

Subió solo por las laderas de Oroel, armado con su lanza y protegido por una cruz grabada en el pecho.
Cuando el monstruo salió rugiendo de su cueva, el cielo se oscureció y la tierra tembló.
El dragón lanzó fuego, pero el caballero resistió. Con una súplica al cielo, clavó su lanza en el corazón del monstruo, que se retorció y cayó peña abajo, abriendo un barranco que aún hoy —dicen los lugareños— puede verse en el flanco sur de la montaña.

El símbolo de la cruz

Para conmemorar la victoria del bien sobre el mal, los monjes colocaron en la cima de la Peña Oroel una gran cruz de hierro, visible desde Jaca.
Esa cruz, renovada a lo largo de los siglos, se ha convertido en símbolo de protección y fe para los jacetanos, que cada año suben a la montaña como peregrinación y homenaje.

El eco del dragón

Los más ancianos del lugar cuentan que, en las noches de tormenta, cuando la niebla cubre la cima y el viento sopla desde el norte, se oye un rugido lejano.
No es el trueno, dicen, sino el alma del dragón que sigue dormida bajo las rocas de Oroel, recordando a los hombres que incluso los monstruos del pasado nunca desaparecen del todo.

La leyenda del dragón de la Peña Oroel simboliza la eterna lucha entre la luz y la oscuridad, entre el miedo y el valor.
Y desde Jaca, cuando el sol se pone tras los Pirineos, la silueta de la peña recuerda al dragón dormido que una vez habitó sus entrañas.

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